El arte en la era de su reproductibidad técnica

 

Walter Bemjamin

Irene Palacios

Walter Banjamin parte de una realidad más compleja que el simple objeto, revisando factores que vinculan al arte con su realidad histórica, pero no es éste su fin, sino comprender la función del arte y los mecanismos de producción de la cultura artística como piezas ligadas a un orden global y posiblemente a comportamientos sociales. Es decir que, Benjamin no considera las obras de arte como meros testimonios de sus creadores, sino como hechos artísticos con posibilidades de progreso para las masas y el proletariado en un momento dado.

Aunque la idea de progreso situaría al arte como instrumento y como lenguaje. Y así lo plantea Benjamin, porque en su texto, cuando se refiere a la pintura, al cine, a la literatura, y a todo fenómeno estético o artístico lo hace desde la similitud del arte con el lenguaje. Entendiendo el lenguaje no como medio neutro, sino como instrumento para difundir conocimientos o reflexiones.

Entonces, podemos decir que Benjamín, se ocupa de los aspectos que modifican la concepción del arte a partir de su metamorfosis como lenguaje. Y de cómo éste tiene la capacidad de afectar en la conciencia social. Por supuesto, su escrito no pretende enunciar recetas para utilizar el arte como arma política, pero sí es importante resaltar que es la dirección que persigue al estudiar la reproducción técnica del arte.

Nos dice que la industrialización en la contemplación estética, no constituye solamente un fenómeno degenerativo del arte, sino que la estética tecno-industrial se afirma también –con consientes razones- como un “nuevo” concepto de cultura tecnológica. Y de igual manera, confiere actualidad a lo producido. Además de que la percepción sensorial también es modificada por la técnica.

Benjamín nos informa que hacia 1900 la reproducción técnica había alcanzado un standard que conquistaba un puesto específico entre los procedimientos artísticos, que la reproducción técnica de la obra de arte es algo que se impuso en la historia.

Benjamín, hace mención de los conceptos que se modificaron en el arte a partir de su reproductibilidad, tales como originalidad, autenticidad, unicidad y perduración en el arte, que al fracasar en la reproducción artística, se transformó la función integra del arte. Así mismo, confronta estos conceptos con los de repetición y fugacidad.

Si bien, Walter Benjamín ahonda en dichos conceptos, es importante subrayar que la producción artística que se desarrolla en el capitalismo, surge también de la situación de la sensibilidad en el publico (consumidores espectadores y aficionados). Por ello, compromete de una manera específica a la cultura artística con los procesos técnicos y económicos, a estos con los ideológicos y viceversa. El capitalismo, tal y como se comporta en su tiempo, crea condiciones objetivas para el desarrollo del arte, incluyendo la reproductibidad, pero, simultáneamente, genera y configura un sector de la sociedad alineando su comprensión y consumo.

Según Benjamín, la reproductibidad técnica aqueja en el objeto de arte a su autenticidad, originalidad y unicidad que es todo lo que desde su origen puede transmitirse en ella, desde su duración material hasta su testificación histórica. Pero, en la época de la reproductibidad técnica de la obra de arte lo que se modifica sustancialmente es su “Aura”. Que según el autor es, el aquí y el ahora. Acercar espacial y temporalmente las cosas es una aspiración de las masas actuales, que tienen la necesidad de adueñarse de los objetos en su imagen o más bien en su copia, es decir, en su reproducción.

Así, Benjamín explica que la técnica reproductiva desvincula lo reproducido del ámbito de la tradición. Al multiplicar las reproducciones pone su presencia masiva en el lugar de una presencia irrepetible. Bretch, citado por Benjamín, tiene un punto de vista muy importante al respecto: “Cuando una obra artística se transforma en mercancía, el concepto de obra de arte no resulta ya sostenible en cuanto a la cosa-mercancía que surge. Tenemos entonces cuidadosa y prudentemente, pero sin ningún miedo, que dejar de lado dicho concepto, si es que no queremos liquidar esa cosa. Hay que atravesar esa fase y sin reticencias”. Deducimos que, además el concepto de unicidad y originalidad también los conceptos románticos de genialidad, creación, sentimiento, misterio y expresión, que aun imperan en nuestras sociedades han quedado totalmente obsoletos, y fuera de las necesidades reales del arte en la actualidad.

Finalmente, de los planteamientos de Benjamín, se observa que con los diversos métodos de reproducción técnica han crecido en grado tan fuerte las posibilidades de exhibición de la obra de arte, que se ha modificado la relación de la masa para con el arte. Y es aquí donde recae la idea de arte como instrumento que se mencionó al principio. Benjamín dice que el arte, en lugar de su fundamento en un ritual aparece en una praxis distinta.

Podemos afirmar que, la verdadera importancia del arte no radica en su unicidad, originalidad o autenticidad, sino en su dimensión ideológica, utilidad educativa, informativa o política. Que, según Benjamín,  el arte tiene una misión social, en la lucha por la liberación. Que el arte debería estar inspirado por el ideal de una comunidad de hombres libres y razonables. Que el artista debe mostrar el sentido del movimiento social, el sentido de la historia.

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