EL ARTISTA COMO ETNÓGRAFO, ESTER MONTE

El artista como etnógrafo

Entorno a mitad del siglo XIX, Karl Marx nos plantea un nuevo papel del artista, un artista de izquierdas, en el que en su producción artística se involucra con la política y sociedad de su entorno. Continuando con esto, Walter Benjamin uno de los grandes pensadores de la modernidad, en 1934 nos muestra el llamado “Artista como productor”, es decir, se nos plantea la problemática del arte como un ámbito de productividad. Una profesión donde, según Benjamin, era necesario un sustento digno para estas personas que se dedicaban a dicha producción.

Posteriormente, Hal Foster escribe “El artista como etnógrafo” donde se plantea la existencia de un cambio significativo en el arte contemporáneo que estaría marcado por una tendencia etnográfica. Basado en el interés del artista por un “otro” cultural, un cambio que se reitera en una multitud de proyecto que involucran al artista y a comunidades al margen del sistema vigente del arte.

En dicho texto Foster sustituye el modelo de “autor como productor” que propuso Benjamín en los años treinta, que respondió en su momento a la estetización de la política bajo el fascismo, modelo recuperado por artistas en los ochenta para contestar a la capitalización de la cultura y privatización de la sociedad bajo Reagan y Thatcher principalmente.

El arte está asociado directamente con la vanguardia política, buscando una verdad en sí mismo en relación a los demás. Desde el arte mediante las ciencias humanas hacia la culturay subcultura; y en la política desde la producción social a librar al proletariado explotado del aparato burgués.

Lo real se nos presenta como un trauma. Por un lado tendríamos la realidad cruda, donde el trabajador es socialmente oprimido y materialmente productor. Donde se da por hecho que existe una diferencia de clases, que no es una diferencia real sino aparente que reduce la identidad a lo mero material. Del otro lado, existe lo que llamamos fantasía primitivista. Esto es, tomando a la raza blanca como epicentro de la creación humana, el otro no se identifica mediante su clase social sino mediante su etnia. Los valores de la modernidad primitivista rescatan las convenciones estéticas de cada quien, porque, ahora sí, estamos hablando de una exterioridad y en consecuencia de la otredad.

Tratando el trabajo de Hegel, debemos aclarar que el sujeto moderno desarrolla la verdad mediante la asociación de todas las ciencias y la elaboración de los grandes discursos modernos. La verdad es jerarquizada según su capacidad de auto análisis y auto evolución. En esta jerarquía el Psicoanálisis y la Antropología funcionan como punto de partida que nos ayuda a auto examinarnos.

Ahora, en la posmodernidad, los aspectos de los grandes relatos son el objeto de crítica. Bien es sabido que el proyecto de la modernidad fue más bien sinónimo de desencanto y ahora el único discurso de la posmodernidad es criticar estos aspectos hasta desmembrarlos.

Como hemos dicho previamente, la antropología y el psicoanálisis se centran en la punta de las ciencias humanas, porque ejercen la alteración del yo. El yo humano se desarrolla gracias a estas en su otredad. La antropología como auto análisis y como crítica social es culturalmente transgresora y políticamente significante. Queda claro

Tácticas de intervención del arte público

Ester Monte Martínez

que los estudios antropológicos nos acercan a la realidad existencial que compartimos y no la que nos imponen.

Gracias a la antropología las etnias deben ser entendidas como el otro cultural. Desde este punto de vista ha habido antropólogos que proponen culturas enteras como si fueran artistas colectivos, pues tienen prácticas simbólicas que pueden percibirse como modelos estéticos. Por lo que, el Artista como etnógrafo es una idealización, del antropólogo. El artista por naturaleza es un lector autoconsciente y está dotado de reflexividad formal.

Actuar como etnógrafo permite ejecutar modelos que colaboren con posibles soluciones a problemas de raza, identidad o género. Criticar a las instituciones del arte, al mundo capitalista; reflexionar sobre el activismo, la familia o el envejecimiento. Articular de nuevo las codificaciones institucionales del arte, hacer partícipe a diversos públicos en la creación o, aprender y vivenciar una cultura y lengua distinta. Por ello, Foster advierte que una “sobreidentificación reductora” con el otro no es deseable, que se necesita la “reflexividad” para protegerse contra peligros de “demasiada poca distancia” o la “autoalteración”. Y propone guardar “distancia crítica” a la sobreidentificación con el otro. Este modo de trabajar demanda que artistas y críticos conozcan no sólo la estructura de cada cultura lo bastante bien como para mapearla, sino también su historia como para narrarla.

Este método ejerce su poder sobre el nuevo historicismo, abandonando la creación artística ajena, que lo único que logra es hacer que la esfera del Arte orbite más y más lejos de los estudios culturales.

En el site specific, por ejemplo, se dio a la tarea de sincronizar arte y espacio, teniendo como estrategia el utilizar las cargas conceptuales y formales de un lugar para desarrollar un dialogo vinculante con el arte. En el caso del arte conceptual, se radicaliza la materialización, proponiendo la enunciación como evocación de la propia obra, la cual estará construida por la idea pura.

El artista como etnógrafo tiene que entrar en una verdadera convivencia con la comunidad asentada, nunca seguir los regímenes dados y hacer lo que los demás dicen que hay que hacer. Se tienen que tener convicciones propias y auténticas, que no pervierta la información y que se logre una identificación plena con la sociedad.

Cuando un artista etnógrafo puede identificarse bien con la comunidad, desarrolla una autentica identidad. Entonces los lugares del artista se expanden a sitios memorables, pueden tener ciertos hábitos que tengan una estética de intercambio, y los espacios culturales no solo son donde se promueve sino también donde vive el conocimiento. Esta es pues la tarea del artista, embellecer y redefinir.

Un gran ejemplo es Gordon Matta Clark quien pretende apropiarse de los espacios visibles y olvidados por las personas. Este artista destruye fachadas y hace cortes a edificaciones enteras para dejar visible la huella del arte en la sociedad.

Existen dos maneras de activar el conocimiento en el arte, por un la manera horizontal, donde hay un movimiento sincrónico, que genera debate en temas sociales y políticos, fomentando el interés de la sociedad actual, teniendo como fin un discurso dentro del arte casi antropológico. Y por otro lado, el conocimiento vertical, un movimiento diacrónico que se basa en formas y disciplinas ya creadas, un ejercicio formalista donde se valora la calidad del medio. Así pues, la teoría del arte es la fuerza diagonal entre la manera vertical y el horizontal para generar conocimiento, la tensión productiva entre ambas.

Por lo tanto el artista etnógrafo se enfrenta a la gran tarea de ser un emisor del mundo de la cultura, más que un ser con gran ego y atraído por el comercio del arte. El artista etnógrafo debe conocerse tan bien a sí mismo como humano que pueda empatizar con los diferentes estados que pueda experimentar durante su trabajo y se debe estar despierto en cuanto la búsqueda de métodos de conocimiento.

El artista como etnógrafo no es sino un observador de la realidad, un sujeto comunicador que tiene interés y el deber de conocer aquello que el medio es capaz de ofrecer y que no se mantiene ajeno a éste.

Comentario personal

La institución del arte debe situarse en el campo ampliado de la cultura, no como una entidad hermética y narcisista aislada, sino como una extensión o reflejo de las necesidades y problemáticas de la comunidad. Para este cometido, es necesario reconocer el punto en el que nos encontramos y, de tal modo, poder rearticular y codificar el organismo contemporáneo de arte de manera que camine acompasadamente con el avance y ciclos de la humanidad.

Hal Foster (1955) es uno de los historiadores y críticos de arte más importantes de las últimas décadas. Formado en las universidades de Princeton, Columbia y Nueva York, fue profesor en la Universidad de Cornell de 1991 a 1997, año en el que pasó a la de Princeton, a la que desde entonces ha estado vinculada su carrera profesional.

Biografía

Miembro de la American Academy of Arts and Sciences desde 2010, ha recibido el Clark Prize for Excellence in Arts Writing (2010) y el Mather Award for Art Criticism in College Art Association (2012). Su campo de estudio se ha centrado en el arte, la arquitectura y la teoría artística contemporánea.

Es autor de numerosos libros sobre modernismo, arte contemporáneo y arquitectura, entre los más importantes se destacan: Pop Art (2005), Dioses prostéticos (2004), Diseño y delito (2002), El retorno de lo real (1996) y Belleza compulsiva (1993). Es coautor, con Rosalind Krauss, Yve-Alain Bois y Benjamin Buchloh, del libro de texto: El arte desde 1900: modernismo, antimodernismo, posmodernismo. En El retorno de lo real, el libro al que pertenece el texto a comentar, propuso un modelo de recurrencia histórica de la vanguardia en el que cada ciclo sería mejorar los inevitables fracasos de los ciclos anteriores.

El contexto sociopolítico y cultural es fundamental para comprender la obra de Hal Foster, ya que no aborda un tema aislado sino que éste se enmarca dentro de un extenso movimiento al que denominamos Posmodernidad.

Contexto

La Posmodernidad se aparta de los conceptos absolutos y de las grandes narrativas del conocimiento y de la cultura construidos por la Modernidad capitalista, por lo que esta corriente es una reacción cultural contra lo anterior, especialmente contra el

racionalismo de las sociedades de consumo y contra la continua modernización capitalista.

Los creadores culturales de la Posmodernidad asumen algunas posturas políticas frente a los conflictos sociales contemporáneos, al poder y a los discursos hegemónicos. Asimismo, la Posmodernidad establece conceptos de identidad humana, a partir de las nociones de multiculturalismo, de marginalidad y de relatividad, especialmente.

Macchiavello, Karla. Encuentro con Hal Foster. Recuperado de [esferapública]. Consultado el 16 de febrero de 2017.

 

Bibliografía

Benjamin, Walter (1934). El autor como productor. Editorial Ítaca, 2004.

Zabalbeascoa, Anatxu (2014) Hal Foster, la arquitectura, el arte y el bien público. El País. Consultado el 18 de febrero de 2017.

Mejía, Iván (2016). Escritos sobre arte: ¿Cuándo aparece y cómo trabaja el artista etnógrafo?

Chillón, Albert (2012). La agonía de la posmodernidad. El País opinión. Consultado el 18 de febrero de 2017.

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