‘CORPUS’, EN EL IVAM Helena Almeida a través del espejo

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16/02/2017 – 

VALÈNCIA. Helena Almeida (Lisboa, 1934) no conoce límites. Acostumbrada a ocupar distintos espacios por lo que respecta al proceso artístico -no en vano sirvió en alguna ocasión de modelo para su padre, el escultor Leopoldo Neves de Almeida– no es de extrañar que la curiosidad la haya llevado a parir una de las trayectorias artísticas más interesantes, no solo por lo que respecta al resultado, sino también por el propio proceso. En tanto que parte y todo de la pieza, los experimentos de Almeida se inician en la fotografía, no considerada en su momento a la altura de otras expresiones artísticas, imágenes que descontextualizó a través de otra herramienta: la pintura. Su incansable baile entre estos dos mundos ha hecho de ella una de las creadoras más singulares de la segunda mitad del siglo XX, generando piezas con mucho de performativo y que, aunque tienen siempre como punto de partida la auto-representación, no quieren ser autorretratos. No es tiempo de selfies.

El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) inaugura hoy la exposición Helena Almeida. Corpus que reúne 52 obras, entre pinturas, fotografías, vídeos y dibujos, realizados por la artista portuguesa desde los años 60 hasta la actualidad, una muestra con dimensión retrospectiva fruto de la colaboración con el Museo Serralves de Oporto, el Jeu de Paume de París y el Centro de Arte Contemporáneo de Wiels en Bruselas. En ellas su cuerpo pasa a ser protagonista, aunque la realidad es que no le confiere adornos especiales. Siempre vestida de negro, nada de lo que porta –externo- cambia el sentido de la imagen, una elección que no es baladí: ella es ella y, al mismo tiempo, muchas otras artistas frente al lienzo. “Ocupa dos posiciones: la de pintor, entonces tradicionalmente masculina; y la de modelo”. No esperen distracciones ni trucos. Almeida se retrata en las poses que ha coreografiado y que se organizan a menudo en series, movimientos que dibuja previamente en sketches que, aunque inicialmente era reticente a esta idea, se podrán ver en la vitrinas del museo como parte de la exposición. “Mi obra es mi cuerpo, mi cuerpo es mi obra”, que decía la propia Almeida.

“Todo el discurso muestra una práctica artística que se elabora y construye con el propio cuerpo de la artista”, explicó ayer durante la presentación de la muestra Marta Moreira, comisaria de Corpus junto a João Ribas, quienes ejercieron de anfitriones de una muestra que ya se ha podido ver en Portugal, París y Bruselas. También estuvieron presentes la directora de la Fundación Serralves, Suzanne Cotter, junto con el director del IVAM, José Miguel García Cortés, quien destacó la importancia de la artista pues, ya en los años 60, “rompió los límites tradicionales del arte y puso su propio cuerpo como objeto y sujeto de su quehacer artístico”. Es a partir de los años 70 cuando la artista portuguesa introdujo la fotografía en sus trabajos, “algo muy novedoso ya que entonces no era considerada una manifestación artística”, explicó Ribas.

Las fotografías de Helena Almeida se caracterizan desde entonces por ser siempre en blanco y negro, tomadas con cámara analógica, con la propia artista como objeto gráfico, realizadas en su estudio (el taller que heredó de su padre) y ejecutadas con la ayuda de su marido, el escultor Artur Rosa. A lo largo de estos 50 años de trabajo fotográfico, sólo en las primeras series Helena Almeida mostró su rostro, creando una ilusión 3D con pinceladas de color, interviniendo las capturas de una forma astuta. De hecho, en una de las fotografías expuestas se la muestra a ella vestida de blanco, lo que es muy extraño, y con un lienzo impoluto en el pecho. De nuevo, la parte y el todo. Desde entonces la artista ha ido reduciendo las manchas de pintura, desde la lejana serie Pintura habitada (1975-1977), donde Almeida ocupó el espacio a la vez como artista y modelo entre brochazos de azul, el azul de Klein, con referencias también al ámbito religioso.

La exposición abarca las diferentes fases de la carrera de la artista e incluye obras de sus series más conocidas como Dibujos habitados, Pinturas habitadas, Estudios para un enriquecimiento interior, Dentro de mí, Seducir, y vídeos como el de la performance Escúchame, trabajos en los que la artista portuguesa reflexiona sobre el papel de la mujer, la preocupación por los sentimientos, la incomunicación, la soledad y la ruptura. De hecho, la primera parte de la muestra busca deconstruir las piezas que luego serían ‘marca de la casa’, mostrando sus primeras pinturas abstractas, en las que ya pretendía escapar del cuadro, escapar a los límites del espacio y de esa disciplina artística. En estos trabajos que datan de finales de los 60, la artista enrolla el lienzo y lo suspende o muestra la parte trasera de la pintura, a veces con un lienzo translúcido. Esta es Helena Almeida a través del espejo.

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